sábado, 11 de abril de 2026

Homero... y no es el mismo en el que estás pensando

 




 En Niza, en el Parc de la Colline du Château, la Odisea de Homero —los episodios más célebres de esta obra— está representada en mosaicos de piedra. Algunas frases de la Odisea han quedado petrificadas para recordarnos que el viaje es el destino: Heureux qui, comme Ulysse, a fait un beau voyage.

Estas palabras deberíamos grabarlas a fuego en nuestra mente. Necesitamos no olvidarlas en aquellos momentos en los que desperdiciamos la vida convirtiendo el viaje en vuelta de tiovivo. Cuántas veces, y cuántos millones de personas, viven (vivimos) encallados, apegados a lo malo conocido antes que perseguir lo incierto y desconocido. Allá cada cual, no tengo intención de aconsejar a nadie; es una reflexión personal que está muy presente cuando contemplo —y me implico en— el mundo en el que vivo.

El otro día quise saber la frase exacta y original de Homero que reproduzco en el primer párrafo. ¡Sorpresa! Cuando busqué en internet, el primer Homero que aparecía era el personaje de la serie famosa de la tele. Tuve que ir dándole al ratón hasta llegar a mi Homero. Durante unos segundos me quedé mirando la pantalla con cierta perplejidad; enseguida volví en mí, porque sé que estos son tiempos en los que la cultura llamada clásica, de la que somos hijos, se difumina y se funde con el entretenimiento bulímico. Era previsible que Homero Simpson destronara al Homero griego, porque la gente del siglo XXI nos enfrentamos a una fase de transición cultural y tecnológica que arrambla con los mitos y símbolos que han construido lo que hoy somos. ¡No! ¡Fuera quejas y pucheros!

Es muy probable que una cultura anterior, la que existió, por ejemplo, hace once mil años en Turquía, tuviera su particular Odisea, que miles de años más tarde fue desbancada por un poeta griego, al parecer ciego, que se entretuvo recitando 12.110 versos. Según un erudito clasicista, Richmond Lattimore, quien compuso la Odisea fue una joven siciliana. Y Robert Graves le hizo caso y, sobre esa hipótesis, escribió La hija de Homero. No vayamos tan deprisa: ni siquiera es seguro que mi Homero existiera. Si es que no somos ni sabemos nada…




jueves, 22 de enero de 2026

Mechinales

 




Hoy he aprendido una palabra nueva: mechinal. Me la ha regalado mi amigo Francesc Cornadó, arquitecto, poeta y escritor, mientras me explicaba su importancia. Un mechinal es, en construcción, un hueco que se deja en un muro o pared para encajar en él una viga o palo horizontal de un andamio durante la obra. Por extensión, también se llama así a los orificios que se abren regularmente en los muros de contención para permitir la salida del agua y aliviar la presión. En otro registro, puede aludir a una habitación diminuta. Francesc, en este caso, hablaba de los mechinales de los muros de contención. No hace falta que explique a qué nos referíamos ni por qué acabamos en esa conversación.

Vivimos en una sociedad sin mechinales, sin huecos por donde pueda filtrarse el agua corrompida que se acumula detrás del muro. No se vislumbra posibilidad de drenaje, al menos en los próximos años. Y no es pesimismo, sino la constatación de que algunos –quienes tenían la obligación social y profesional– no calcularon bien la estructura ni tuvieron la voluntad de dotarla de aliviaderos que la hicieran segura y duradera.


Un blog es hoy una antigualla de internet, una especie de dazibao persistente en medio del ruido de las redes. En chino, dazibao designa aquellos grandes carteles manuscritos que se colgaban en espacios públicos, sobre todo durante la Revolución Cultural, para formular críticas políticas, denuncias o propaganda. Quienes seguimos escribiendo en blogs –la mayoría de mis colegas y yo misma– lo hacemos con la secreta confianza de que alguien pasará por delante de este cartel y leerá nuestras ocurrencias literarias, nuestros desahogos y, de vez en cuando, alguna breve reflexión sobre la realidad, y acaso se reconozca en estas palabras.

Atardece y ha dejado de llover. Hoy queda una pizca de esperanza: tal vez, al nombrar la cosa, empiece por fin a existir (el mechinal).