domingo, 8 de febrero de 2009

Piso en venta

























Dress and Fashion. Digital Gallery NYPL Greig, T. Watson. A



¿Y no le gustarían esos del escaparate, los de la hebilla? están rebajados un setenta por cien y son de diseño exclusivo.
Dulce sopesó la futura utilidad del calzado que le ofrecía la dependienta. Era talla 41, un número que le molestaba pedir y que le hacía sentir hermanada con la mujer barbuda, sin atractivo alguno y con un halo de levantadora de pesas que le horrorizaba, tenía que resignarse con su anatomía. Las tallas que gastaba eran su cruz. Calzado, talla 41; pantalón, 46; sostén,110. Ciento ochenta centímetros de altura. Alta y robusta como si se hubiera hormonado antes del destete. A los cincuenta y cinco años, Dulce había superado –casi- los traumas estéticos de su juventud, y ahora estaba en la zapatería de lujo en plena evaluación de la oportunidad que tenía delante.
-¿Me irían bien para una boda en la que luciré un vestido gris cobalto?
La dependienta abrió los ojos como si hubiera descubierto en ese instante el método para conseguir convertir el agua en champán francés o en cava.
Ohhh, serán perfectos! esos, los de la hebilla con un bolsito de estrás del mismo color, estará fenomenal.

En la calle el viento era tan fuerte que le levantaba los faldones de su pesado abrigo de lana de oveja merina. Dulce se arrimó a la pared para evitar las ráfagas violentas que le cerraban los ojos. Un poco antes de cruzar el semáforo, en mitad de la acera, expuesta a la corriente que subía desde Rambla Cataluña, un cartel de "Se Vende Piso" cayó en diagonal desde el balcón del cuarto piso, en venta. Dulce sintió un zumbido taimado rozándole la oreja. La bolsa con los zapatos salió disparada a dos metros de distancia, quedo arrinconada junto a los contenedores de basura. Había pagado al contado y el recibo de la compra yacía abandonado dentro de la bolsa, junto a los bonitos zapatos de lujo. Mientras el cuerpo de Dulce esperaba el trámite de levantamiento de cadáver, Julito  se llevó la bolsa con los zapatos, dentro había también dos revistas atrasadas de National Geografic y un bocadillo de fuet, a medio comer, del Pans and Company  que había cerca de allí. Estaba muy rico. 
Los zapatos nuevos, sin estrenar, podía decir que eran un golpe de suerte, aunque para la mujer tapada con una tela térmica, el golpe fuera mortal.























2 comentarios:

  1. ¡Por Dios!
    Me acongoja leer relatos como esté; si, ya sé que son reales como la vida misma, pero prefiero la fantasia tipo Zu y Obama de "El cielo abre los jueves".
    A ver que será el siguinete relato...
    Mucha suerte.

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  2. Anónimo, gracias por tu apoyo. Hay un punto cómico en casi cualquier circunstancia de esta vida.La cuestión es dar con él.

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