martes, 17 de marzo de 2020

¿Dónde está Maripuri?





En el cuarto día de encierro lamento la escasa visión que tuve cuando, hace dos semanas, me ofrecieron un cachorro de perro. Tres meses atrás murió la perra de la familia, vieja y ciega, éramos nosotros sus lazarillos, también le fallaba el olfato y en su decrepitud la conducíamos por la casa y los paseos para que no se diera contra los muebles y las farolas.

Guardo aún el luto y me niego a tener en casa otro perro, me parece una traición a su memoria. Sin embargo, las circunstancias aconsejan tener cerca un can para salir a tomar el sol y respirar aire fresco. Un motivo utilitarista y francamente egoísta. Es como tener un hijo con la finalidad de conservar una relación, me parece intolerable y el colmo del desprecio por la vida ajena.  

Todo es confuso y extraño, a ratos pienso que la cuarentena es la medida más apropiada. Que los chinos y coreanos han aplicado el método correcto; otros veces sospecho que esto es una operación de ingeniería social para colapsar la sociedad. Que estamos ante una tercera guerra mundial sin bombas ni enemigo conocido, pero con daños económicos y sociales idénticos. Caerá este modelo económico, ya en las últimas según opina un sector de economistas, y cuando pasen cinco o seis meses, florecerá un sistema social, político y económico, temo que  más controlador y restrictivo.

Quiero pensar que sin perro podré salir de casa en cuanto se flexibilicen las medidas. Por ahora subo y bajo los dieciocho escalones de mi casa, los que comunican la planta baja con las habitaciones. Treinta veces al día, quince por la mañana y quince por la tarde. Si hace sol, salgo al patio y me tumbo en una hamaca, escucho música y veo pasar las nubes, pero hoy llueve y mañana también, según anuncia la meteorología. Así que he sustituido el sol por una película: La mujer del cuadro. Película de Fritz Lang, de 1944. Es una historia criminal, psicológica y muy acorde con los días que vivimos. Una mujer fatal, la ilusión óptica en un escaparate y el tiempo representado por todo tipo de relojes que aparecen en las escenas clave. Lang nos advierte de que el tiempo tiene un final, cuando se reinicien los relojes marcarán horas distintas. Es mi interpretación, a lo mejor será una chifladura, pero a todo le veo el sesgo de que estamos ante la caída de nuestra civilización.      

Detalle de retrato de Catalina de Meddenburgo, Lucas Cranach, 1506

No todo es tan malo, he tenido que interrumpir la escritura porque acabo de recibir una llamada de mi vecina. Una mujer de cincuenta años que vive sola, su única compañía, un perro que atiende por Maripuri, se ha fugado. No, no me he equivocado, el perro es macho, el nombre en un dialecto hindú significa danzante alegre. Eso afirma ella. Mi vecina es muy original y moderna y no sabe idiomas, así que cada cual saque sus conclusiones.

Vamos a lo que importa. ¿Qué podemos hacer para recuperar a Maripuri?  ¡Y yo que sé! Las dos nos hemos asomado a la ventana y en voz en cuello hemos gritado: Maripuri, Maripuri y así un buen rato.
La calle es un clamor, los vecinos en sus ventanas a grito pelado y sin melodía conocida, llaman a Maripuri , y el perro sin dar señales de vida. Yo creo que ha sido una fuga muy bien planeada, y mira lo que te digo, le envidio.   


9 comentarios:

  1. Magnífico. Yo también temo que la sociedad que saldrá del virus será restrictiva y autoritaria. Me he permitido parafrasearte en el blog. https://mildimonis.blogspot.com/2020/03/denunciad-dice.html

    ResponderEliminar
  2. Muchas gracias, Lluís, por desgracia el panorama no parece que se encamine hacia el altruismo y la cooperación.En fin, veremos cómo nos organizamos.

    Saludos

    ResponderEliminar
  3. Yo sigo pensando que todo lo que en un momento dado nos encontramos -en la vida, en la historia- se ha venido haciendo. Los que hayamos hecho ficción hace tiempo, en base a imaginación en parte, en base a datos que iban apareciendo, en otra parte- nos sorprenderemos menos. Todo lo que quede cambiado tras la epidemia se va a concretar como si fuera nuevo pero podría ser esperable desde hace tiempo: el exterminio de vidas, las restricciones sociales y acaso políticas, la misma investigación y sus límites, los negocios de farmacéuticas, residencias privadas de ancianos, seguros privados de salud, etc., la contaminación, los ritmos desaforados de movilidad interoceánica que no lo para nadie, etc. La globalización ya nos venía mostrando muchas posibilidades. Yo siempre he querido ver el lado positivo: el intercambio tantos de personas como de mercancías como de ideas como de apoyo solidario. Pero puede que algunos quieran aprovechar el desenlace que va a dejar nuestras economías en quiebra para retomar las veleidades coercitivas, la robotización de las personas, la sustitución de estas por los robots cada vez más perfectos, etc. Muchas cosas y situaciones que nos habíamos imaginado en ocasiones pueden venir como efecto de una pandemia. Una guerra, por ejemplo. Ah, solo cito, no insisto, es tabú. Pero también era tabú hablar de pandemias. Palabra que hasta la misma OMS ha estado esperando a pronunciar cuando ya había estallado la transmisión masiva.

    Y sí, estoy de acuerdo contigo en lo de los perros. Son objetos de los hombres. Al menos los perros útiles del campo -cuidado de ovejas, de propiedades, de búsquedas variadas- son perros con verdadero caché. Los perros -u otros animales- mascota siempre me han parecido objetos de sus dueños: que si para consolar al niño triste, para ceder al caprichoso, por moda de que otros lo tienen, etc. En mi niñez solo tenían perros la gente de campo y alguna señora mayor que vivía sola de mi calle. Este utilitarismo que ha engendrado una industria hipermillonaria me rebela un poco, y siento si hiere mi opinión a los usuarios de perro.

    Salud y muchos cuidados. El tema de la epidemia va a dar para mucho, ya tendremos oportunidad durante mucho tiempo de concluir en informaciones y opiniones. Un abrazo.

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. Sí, comparto contigo la visión de esta epidemia y sus consecuencias. Una cosa he de reconocer, estoy descubriendo que esta parálisis tiene para mí una vertiente muy placentera. Empiezo por el sosiego y sigo con la contemplación silenciosa de un paisaje exento de ruidos. Me gusta, claro que sé del daño para tanta gente que apenas llega a fin de mes y que, a partir de ahora, será muy difícil que puedan tirar adelante. Sueño despierta que los dirigentes del mundo vuelven la mirada a la cordura, a la cordura ética y que se establece unas relaciones y un reparto de bienes equitativo, una organización social basada en la cooperación y altruismo. Si este espejismo se hiciera realidad, el virus habría hecho por la humanidad más que todas las revoluciones juntas.Me temo que será todo al revés, pero soñar no cuesta dinero y me alegra los días.

      Abrazos y protégete de los malos vientos.

      Eliminar
  4. Como le dije hace unas semanas sigo sin que su blog se actualice en el mío, y se me escapan algunas de sus entradas. Claro que cuando esto afloje saldremos a pasear, y espero que entonces, y no como ahora, apartándonos y recelando unos de otros, cuando nos cruzamos en el supermercado, manteniendo la prudencial distancia.
    Cuidémonos mientras tanto y respiremos el aire algo más puro que tienen nuestras ciudades en estos momentos de parálisis.
    Un saludo.

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. No sé qué pasa en la actualización del blog, espero arreglarlo por ahora no hay manera. Gracias por pasarse por aquí, y sí, cuando podamos salir y charlar y tomar un café con los amigos sin las prevenciones actuales, será glorioso.

      Un abrazo y le deseo todas las prevenciones para salir sano y salvo de esta peste.

      Eliminar
  5. Cada cual proyecta su inconsciente por todas partes. Con la actitud hacia los perros resulta demasiado obvio. Sobran palabras.
    Me gusta llamar a un marchito perruno “maripuri”. Mi persona cuando tenia ganas de bromear, algo harto frecuente, ha llamado a todos los suyos durante unos 30 años, “maripilis”, indiferentemente de su sexuacion

    ResponderEliminar